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Un joven nacido en la cárcel saca a su madre tras 19 años de cautiverio


Una auténtica historia de superación y coraje digna de una película.

Cuando nació Kanhaiya en 1993, su madre ya llevaba un año en la cárcel. Hoy, cuando contra todo pronóstico están los dos en libertad, son los protagonistas de una de las historias más alentadoras y reconfortantes que ha dado la actualidad. Lo que pasó entre medias es digno de leyenda.
 
La vida entre barras fue todo lo que conocería durante un año este chico que debería haber nacido en Aligarh, un humilde distrito del Estado de Utter Pradesh, al norte de India, que no es especialmente fácil de encontrar, a menos que se desplace uno los 300 kilómetros que le separan de Kanpur, la segunda ciudad más poblada del Estado.

Pero si la vida allí no es fácil de por sí, menos lo sería para Kanhaiya y para Vijaya Kumari, su madre, si fueran liberados: les habían abandonado tanto el padre como toda su familia desde que, en 1992, ella se vio implicada en la investigación del asesinato de uno de sus vecinos. Nunca quedó claro si estaba realmente implicada o no, pero eso no evitó que acabara embarazada en la cárcel.

Tampoco se pudo impedir que Kanhaiya se criara con ella, lo cual no dejaba de tener una poderosa resonancia folclórica: su nombre es también el de una deidad hindú que también nació en una cárcel antes de alcanzar la grandeza.

Si Kanhaiyar estaba llamado a seguir un camino similar no sería porque las apariencias así lo indicaban. Sin ningún amigo que les echara una mano, y naturalmente sin ingresos desde que entró en la cárcel, Vijaya fue incapaz de afrontar el pago de las dos fianzas de 120 euros que pedían por su libertad en 1994.

Madre e hijo fueron trasladados a un centro de beneficencia que los atendió precariamente hasta que Kanhaiya cumplió los once años. La madre fue entonces devuelta a la cárcel y Kanhaiya, enviado a un centro de detención de menores en Lucknow. El niño que jamás había conocido el mundo sin el yugo de unos guardias vivió allí durante siete años. En 2012, fue liberado. A su madre solo le quedaba morir en la cárcel.

Entonces se propuso hacer lo que era su intención desde el principio de esta historia: reparar el daño hecho por el sistema judicial indio y sacar a su madre de su cárcel. Volvió al distrito de Aligarh y localizó a su tío, único superviviente de la familia que nunca llegó a conocer, y le exigió la propiedad de unas tierras que, por derecho, tendría que haber heredado él. Tardó un año en conseguirlo y en sacar de ellas el dinero que necesitaba su madre, pero lo consiguió.


El cinco de mayo, el niño con nombre y biografía de deidad, se plantó de vuelta en la cárcel que le había visto nacer y puso sobre la mesa los 120 euros que, para el Gobierno indio, valía la libertad de su madre de 48 años. Y Vijaya Kumari vio, por primera vez en los 19 años que habían pasado desde aquél asesinato sin resolver en su distrito, la luz de un día que terminaría en su hogar.

Fuente: BBC

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