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Crónicas: Una India de Intocables

 Un interesantísimo artículo, una visión realista sobre la India.

Entre vacas, pobres y peregrinos


Tras diecisiete años de bloqueo literario, Bruce Chatwin encontró en la India el lugar donde escribir uno de los libros de viajes más hermosos: “Los trazos de la canción”. En él se habla de nómadas, de movimiento, y, aunque transcurre en Australia, fue redactado básicamente en el pueblo rajastaní de Rohet. Recorrer ese Estado parecía un buen homenaje al inglés. Asomarse en la época del monzón a la tercera potencia asiática, donde aún conviven marajás con intocables y en las selvas hay tigres que observan el paso de elefantes, se antojaba incluso romántico. Esto fue lo que encontré. texto y fotos.


GABI MARTÍNEZ
Uno dice “India” y alguien le hablará del olor penetrante, en ocasiones hasta la náusea; de la exuberancia vegetal; del prometedor despegue económico de ese “país más grande que el mundo” (Borges) y de la pobreza. Pero, por mucho que te adviertan de esto último, cuesta estar preparado.
Llegar a Nueva Delhi en un moderno tren semivacío que cubre el trayecto del aeropuerto a la estación central de ferrocarriles, y apearse ahí, garantiza una experiencia prácticamente medieval. Carros de caballos sortean a hombres en harapos y vacas sueltas a las que nada alteran los insistentes bocinazos de la marabunta de tuctucs en busca de clientes. Humaredas negras se elevan de los puestos que asan mazorcas fundiéndose con los millones de partículas mugrientas que flotan sobre velos, turbantes y cabelleras azabache. El pavimento está levantado, los charcos infectos son norma, niños y adultos piden limosna o lo que sea, y la densidad de este mundo superpoblado se manifiesta en su más angustioso esplendor.
El cuarto día en India continuaba centrando mis notas en la miseria. Para entonces ya había visto una pelea a puñetazos entre hombres adultos; docenas de esquinas salpicadas de algo similar a vómitos que resultaron ser salivazos de un popular narcótico que se masca y escupe; cuervos saqueando montones de basura desparramada… y me había sorprendido el descuido de algunos palacios mogoles que perduran. Allí, entre aceras desventradas y politonos bollywoodienses, era más fácil entender la preocupación que marca toda la obra del Nobel Naipaul por el olvido y la pérdida cultural. Más fácil comprender por qué Paul Theroux, al regresar 33 años después a la India, se preguntaba dónde estaba el tan cacareado Milagro Indio, la pujante burguesía nacional, cuando él seguía viendo el mismo “manicomio con un toque de anarquía” poseído aún por “la potente vibración de lo descarnado y lo elemental”. Theroux percibió que el país había aumentado en autoestima, eso sí.

Artículo completo: 
http://www.que-leer.com/16457/cronicas-una-de-intocables.html

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